lunes, 27 de diciembre de 2010

Esta es la foto de todo el grupo

domingo, 26 de diciembre de 2010

26D Inaguracion

Hoy dia 26 de diciembre hemos inagurado oficialmente la PEÑA MARAUDEROS a continuacion os pongo unas fotos de los asistentes y del pincheo.










y ahora el pincheo estaba muy bueno
todo esto acompañado de vino cerveza y refrescos lo pasamos muy bien.
agradecimiento a mata y hefas por las fotos

viernes, 17 de diciembre de 2010

inaguracion peña marauderos

El domingo 26 de diciembre se inagurara la sede oficial de gijon de la peña marauderos




en el bar:
Bar de vinos y tapas Esencial, en pleno barrio del Arenal, uno de los de mas solera y ambiente de Gijon
y con varias plazas de aparcamiento para motos y dos carga y descarga practicamente vacios por las tardes

C/Adosinda 12 bajo 33202 Gijon

espero vuestra presencia y confirmacion


gracias de antemano

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Un día te vas a matar, gamberro

Se puede leer en el XLSemanal 1207, del 12 de diciembre de 2010, el siguiente texto salido de la excepcional pluma de D. Arturo Perez-Reverte, en su colaboración Patente de corso, el siguiente texto que trato de transcribir.


El mensaka del semáforo.

“La moto está parada en el semáforo de un paso de peatones, con un pavo encima: un mensajero con el rótulo fosforito de su empresa en la espalda. Detengo el coche en su aleta de babor (lado izdo) y miro la máquina. Pese a la caja portaequipajes del asiento trasero, me recuerda la hermosa moto italiana que tuve hace treinta y tantos años largos, a esa edad en que te crees invulnerable; cuando eres joven, inconsciente y capaz de salir de viaje nocturno cayendo lluvia a mantas, atravesando a ciegas pantallas de agua pulverizada de camiones por carreteras de doble dirección, y crees que estamparte contra un coche o un arbol, a 160 km/h, es algo que solo puede pasarle a otros, y nunca a ti. El caso, como digo, es que estoy mirando la moto y al usuario con una punzada de nostalgia. Bajo el caco y el barbur, el mensaka parece motero veterano, treintañero largo. Está tranquilo y a lo suyo, abiertas las piernas, las botas militares apoyadas en el suelo, pendiente de que el semáforo pase a verde. Y en ese momento, despistado al volante, frenando en el último instante porque no se había fijado en el semáforo, llega el pringao.
No hay golpe fuerte. Sólo el chirrido del frenazo sobre el asfalto. Riiiiiiias
Miro a mi derecha y veo que un coche deteniéndose casi de milagro en el último momento, golpea ligeramente la moto por atrás. Apenas un toque en el neumático de la rueda trasera. Cloc. Lo justo para que, sin hacerle desperfectos visibles, la moto salga despedida tres o cuatro metros adelante, con el motero pateando a un lado y a otro en desesperado esfuerzo por mantener el equilibrio. Y lo consigue, el tío. Logra estabilizarse un trecho más allá, pasada las marcas de pintura del paso de peatones, y desde allí se vuelve para comprobar qué diablos ha ocurrido. Entonces ve el coche detenido donde antes se encontraba él, y al conductor que, petrificado, las manos agarrotadas en el volante y expresión estupefacta, lo mira reponiéndose del susto. Acojonado.
Entonces asisto a una escena memorable. Comuna sangre fría envidiable, tras quedarse unos instantes mirando hacia atrás como si no diera crédito a lo ocurrido, el mensaka se baja de la moto, la pone sobre la pata de cabra, echa un vistazo comprobando que no hay daños de importancia, y luego se acerca despacio al automóvil, tomándose su tiempo. Es un tipo de aspecto rudo, vigoroso y con aparente bueno salud. El casco negro, del que solo ha levantado la visera, refuerza su aspecto amenazador. Y huelga señalar que para entonces, los conductores de los tres o cuatro coches que estamos cerca seguimos el asunto con atención no exento de morbo, haciendo cábalas sobre si el primer guantazo se lo va a dar el mensaka al conductor con la derecha o con la izquierda, o si se limitará a enumerarle a gritos la relación completa de sus muertos más conspicuos y frescos. El del coche debe andar en cálculos parecidos, pues permanece atrincherado tras el volante, igual de blanco que una hoja de papel marca El Galgo. Y en ésas ocurre la cosa.
Siempre despacio, sin alterarse, el mensaka ha llegado a la altura del conductor y se inclina a mirarlo. Éste es más bien de perfil tiñalpa, con poca chicha. Salta a la vista que no sabe qué hacer ni decir, y que teme le pongan la cara como un mapa de carreteras. Entonces, cuando el motero tiene ya apoyada una mano en el abridor de la puerta, lo veo inclinarse un poco más, mirando hacia el asiento de atrás del vehículo. Sigo la dirección de su mirada y descubro a dos enanos de ocho o diez años, niña y niño, sentados allí, con sus cinturones de seguridad puestos. En ese momento, el mensaka hace una de esas cosas que a veces, hasta en los momentos más negros de la vida, puede reconciliarte con el ser humano. Se queda inmóvil un instante, como pensándoselo, la mano aún puesta en la puerta del coche. Luego se yergue despacio, mira al conductor y le suelta esta frase inmortal: “ Un día te vas a matar, gamberro “ .
Y eso es todo. Después, sin esperar respuesta – el otro sigue sentado, sin arrestos siquiera para balbucir una excusa-, el mensaka se dirige a la moto tan tranquilo como vino, echa un último vistazo para confirmar que no hay desperfectos, sube a ella , la pone en marcha y se va. Yo meto la primera y arranco a mi vez, pues suenan detrás bocinas impacientes de coches, y veo al motero perderse en el tráfico, a la entrada de un túnel. Entonces caigo en la cuenta de que ni siquiera he podido verle la cara. Y pienso que es una lástima. Me gustaría reconocerlo en cualquier calle, con la moto parada. Aparcar cerca. Señalar el bar más próximo e invitarlo a una caña.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

FIN DE LA TEMPORADA MOTERA

Bueno se esta acercando cada dia mas el crudo invierno y parece que todo el mundo deja sus hierros en el garaje.
Esto en asturias suele ser muy normal ,yo en cambio  me resisto a tener que embolver la moto en su capa y quitarle la bateria para que no se me agote.
En estos dias a tras de lluvia nieve y frio aunque parezca mentira yo salia con mi hierro a dar un pequeño paseo por la zona de los alrededores de gijon.
La gente me miraba y supongo que pensarian donde ira ese loco con el frio que hace en moto ,pero ellos no entienden ,para mi es un placer inesplicable el poder disfrutar de esos pequeños paseos en mi hierro y como digo yo puede que este loco pero viva la locura